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Madre Mundo: Espiritualidad de la Diosa (Libro)

Artistas, sacerdotisas, activistas, políticas y devotas de las cuatro direcciones del mundo alzan sus voces para despertar a la Diosa en el alma de todas las personas. La Diosa ha regresado y con ella, la posibilidad de un mundo pacífico, amoroso, interconectado y equitativo.

Madre Mundo es un compendio diverso colmado de voces y saberes de la Diosa en sus múltiples rostros y manifestaciones. A lo largo del tomo, se celebra la diversidad y belleza de la Diosa en el Mundo, ofreciendo visiones religiosas, arquetípicas, simbólicas y políticas que se desprenden de experiencias personales y colectivas.

El libro es acompañado de material multimedia, meditaciones, vídeos y audios por medio de acceso digital QR.

Colaboraciones:

Benedicta Díaz, Azucena Sarai Piña Luna (Serpiente de Jade), Tarwe Hrossdottir, Priscilla Amor Soto Briceño, Oziel Vidal, Susana Sirone, Leyali Zeraoui, Christian Ortíz, Eileen M. Colberg Luciano, Deanne Quarrie, Ness Bosch, Sebastián Hidalgo, Vera Sándalo, Laura González, Haydee “Solciré” Hernando, Santiago Ávila Leguizamón, Yunuén Celaya y arte de Aura Torres.

El libro puede adquirirse en cualquier formato desde AMAZON Global o en el sitio local de Amazon en España, México, Reino Unido, Canadá, Italia, etc.

Comprar desde México:

Tapa blanda – Madre Mundo: Espiritualidad de la Diosa: Ensayos, Reflexiones y devociones. (Spanish Edition) https://a.co/d/hrlo46V

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MATER TENEBRIS: EL PODER DE LAS DIOSAS OSCURAS.

MATER TENEBRIS: EL PODER DE LAS DIOSAS OSCURAS.

Trabajo interior y meditaciones.Un recorrido por el poder oculto de la divinidad femenina  y sus facetas oscuras. Incluye trabajo personal y meditaciones con  Diosas oscuras de diferentes culturas y tradiciones espirituales.

CONTENIDO.

PARTE I “MATER TENEBRIS”La negación de la oscuridad.Lo divino oscuro: La señora de la sombra.Romper estereotipos.Ella como espacio psíquico y espiritual.Experiencia religiosa y catalizadores psíquicos.La sombra psicológica.Lux in Tenebris: Natura de luz y sombra.Lo femenino oscuro.Imagos de maldad y bondad.Reclamar el poder: Volver a la noche.Rebeldía espiritual y política.Visión transcultural.Sombra dorada.Madre abismo.La Llorona.Guadalupe la escondida.Vírgenes negras.Diosas e imágenes de lo sagrado femenino oscuro.

PRTE II Meditaciones  con las oscuras.LILITH: Sexualidad y el poder del cuerpo.MADRE ABISMO: Integración con la naturaleza.KALI: Liberación y destrucción.ARADIA: Romper la opresión.

PARTE III La Diosa oscura.

AUDIO DE MUESTRA

MEDITACIÓN CON DIOSA KALI

Costo: $ 200 MXFormato: 6 audios en MP3 y 1 PDF.Duración: 2 horas, 30 minutos.Audios descargable.Rev. Christian Ortiz, PhD.Psicólogo, Master en religiones comparadas, Doctor en Filosofía de la Religión,  Sacerdote de la Diosa (Fraternidad de la Diosa), Kourete de la tradición Diánica, miembro de la Fellowship of Isis (FOI), miembro de la fundación C.G. Jung de Nueva York,  conferenciante de la Goddess Conference, certificado en sensibilización en Género (INMUJERES), especialista y diplomado en prevención y atención de violencia (UCC ELPAC). Conductor del programa SABER SANAR.
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Goddess Remembered – Documentary

This documentary is a salute to 35,000 years of the goddess-worshipping religions of the ancient past. The film features Merlin Stone, Carol Christ, Luisah Teish and Jean Bolen, all of whom link the loss of goddess-centric societies with today’s environmental crisis. This is the first part of a 3-part series that includes The Burning Times and Full Circle.

Directed by Donna Read – 1989

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Retornar a la Diosa – Christian Ortíz.

Retornar a la Diosa, como metáfora, centro espiritual, arquetipo, modelo de conexión, filosofía, religión o sistema de vida es una necesidad urgente para comenzar el trabajo de sanación y liberación de trauma patriarcal. El retornar a la matriz de interconexión es un proceso arduo que está en marcha, no es una frivolidad ni un sinsentido. La Diosa se sigue manifestando y cada vez más; ya sea por una necesidad intuitiva de la especie humana para sobrevivir, o como un fenómeno consciente resultado de la comprensión del desequilibrio traumático que estamos transitando.
Artistas, sacerdotisas, activistas, políticas, etc, de las cuatro direcciones del mundo levantan la voz para despertar a la Diosa en las almas de todas las personas. La Diosa ha retornado y con ella, la posibilidad de un mundo pacifico, amoroso, interconectado y equitativo.


Romper las cadenas de dolor es un proceso de sanación multidimensional que requiere esfuerzo personal y colectivo. Es muy difícil sanarse, si no tenemos un diagnostico; no podemos sanar una herida, si no sabemos en qué parte de nuestro Ser está.

Rev. Christian Ortíz.


El movimiento de la Diosa: Ecoespiritualidad para ser y estar en la tierra.


Durante los últimos años ha ocurrido un fenómeno espiritual y cultural que llama profundamente la atención: el resurgimiento de la Diosa como principio sagrado y como camino espiritual. No se trata únicamente de un retorno devocional ni de una moda new age, sino de una recuperación histórica y simbólica de larga duración que ha encontrado terreno fértil en la actualidad. Este resurgimiento ha venido de la mano de múltiples ramas del conocimiento, entre ellas la arqueomitología, la psicología profunda, el ecofeminismo, los estudios de género y las prácticas espirituales contemporáneas; y también desde la vivencia íntima y doméstica de miles de mujeres y personas diversas que han encontrado en la Diosa un refugio, una fuente de fuerza y una ética de cuidado.
Una de las autoras fundamentales en este renacimiento es Marija Gimbutas, quien desde la arqueomitología estudió las representaciones femeninas divinas de Europa y Asia desde el Paleolítico hasta la Edad del Bronce. Su obra permitió visibilizar que, durante milenios, muchas culturas no concibieron lo divino en términos de un dios masculino guerrero, sino como una Gran Madre asociada a la fecundidad de la tierra, la regeneración, los ciclos, la sexualidad y el misterio de la vida-muerte-renacimiento. Aunque su trabajo ha generado debate académico, también abrió la puerta a pensar que el patriarcado no ha sido el único paradigma espiritual posible y que otras formas de sacralidad existieron, florecieron y moldearon la imaginación humana.


Desde otro ángulo, la psicología profunda en voz de Jean Shinoda Bolen abordó la Diosa como arquetipo interior, sosteniendo que las figuras femeninas de la mitología griega —Atenea, Artemisa, Deméter, Afrodita, Hestia y Hera, entre otras— representan patrones psíquicos que influyen en la identidad, la vida emocional, las relaciones y la creatividad de las mujeres contemporáneas. La idea de que la espiritualidad de la Diosa puede ser una vía de individuación ha sido profundamente acogida, pues ofrece un lenguaje para comprender la interioridad femenina no como déficit o como “otra” frente a lo masculino, sino como una constelación de fuerzas legítimas y plenas.


En el campo del ecofeminismo, autoras como Starhawk y Vandana Shiva han mostrado que la dominación de la mujer y la explotación de la naturaleza no son procesos separados, sino heridas paralelas dentro de un modelo civilizatorio basado en el control, la extracción y la jerarquía. Starhawk, además, articuló la espiritualidad de la Diosa con prácticas comunitarias y activismo ecológico, proponiendo que ritual, política y sanación no son esferas que deban mantenerse aisladas. Shiva, desde la India, mostró cómo la resistencia de las mujeres campesinas frente a la destrucción de bosques y semillas es también una defensa de su cosmovisión espiritual y de los vínculos sagrados con la tierra. Estas voces han sido centrales para que el camino de la Diosa no quede reducido a una estética de altar, sino que implique posicionamiento ético y compromiso con la vida.


Además de estas corrientes claramente visibles, existe una contribución igual de valiosa, aunque más discreta, que nace en la intimidad de las casas, de los círculos de palabra, de los grupos terapéuticos y de los talleres comunitarios. Muchas mujeres y otros grupos han encontrado en la espiritualidad de la Diosa la posibilidad de sanar culpas y silenciamientos que cargaron durante años: culpa por el cuerpo, por los deseos, por el ciclo menstrual, por la maternidad o por no ser madres, por el enojo, por la tristeza, por la propia historia. Cuando la espiritualidad deja de castigar la experiencia humana y comienza a celebrarla, algo profundo se reordena. Y esa reordenación no es solo emocional; es ontológica. La vida deja de ser algo que debe soportarse para convertirse en algo que puede celebrarse.


Por eso, el retorno de la Diosa no está en competencia con otras religiones ni pretende reemplazar figuras masculinas de lo divino. Lo que propone es el equilibrio que ha faltado. Allá donde solo lo masculino es sagrado, la psique colectiva queda mutilada; allá donde solo lo femenino es sagrado, también. La presencia de la Diosa recuerda que existen múltiples rostros del misterio, que la espiritualidad no se empobrece cuando se diversifica, sino que se vuelve más amplia y más humana.
Una de las características más bellas de este movimiento espiritual es su capacidad para abrazar la diversidad. En los espacios devocionales de la Diosa conviven mujeres, hombres, personas no binarias, personas LGBT+, madres, personas sin hijos, personas con trayectorias religiosas previas y personas sin religión. No se exige renunciar al pasado, sino habitar el presente. No se exige pureza doctrinal, sino honestidad profunda. No se pide obediencia ciega, sino presencia consciente. En un mundo que suele dictar a las personas cómo deben ser para pertenecer, la Diosa ofrece un lugar donde la pertenencia no depende del molde, sino de la verdad interior.
La espiritualidad basada en la Diosa también ha generado cambios visibles en la relación con el entorno. Cuidar el agua, la tierra, los animales, las semillas, las plantas medicinales o los huertos domésticos no se ve como una actividad secundaria, sino como un acto de amor devocional. La casa se vuelve santuario; el cuerpo se vuelve altar; la comida se vuelve bendición; la ternura se vuelve herramienta política; la vida se vuelve sagrada no en abstracto, sino en lo cotidiano.
Por eso, mucho del movimiento contemporáneo en torno a la Diosa no consiste en convencer a nadie, sino en pedir una cosa muy simple: respeto. Respeto hacia quienes celebran la vida desde esta perspectiva, hacia quienes honran la diversidad humana como expresión divina, hacia quienes cuidan la naturaleza como extensión de la Gran Madre, y hacia quienes han encontrado en la Diosa un refugio espiritual donde su cuerpo, su historia y su sensibilidad tienen lugar. No se trata de cambiar la espiritualidad de otras personas; se trata de sostener la dignidad de esta.
Hoy, la Diosa está presente en universidades, en procesos de sanación, en círculos de mujeres, en espacios de activismo ecológico, en hogares, en jardines, en talleres de arte, en grupos de maternidad consciente, en ceremonias de luna, en estudios de mitología, en redes feministas, en la salud, en el acompañamiento emocional y en las prácticas espirituales de personas de muy distintas identidades. Su resurgimiento no es un regreso al pasado, sino una expansión de conciencia en el presente.
Y así, cuando un hogar, un cuerpo o un corazón dice “Aquí habita la Diosa”, se está declarando un territorio donde la vida es celebrada, donde las diferencias son honradas, donde la tierra es cuidada, donde la dignidad es innegociable y donde la espiritualidad no exige negación, sino presencia. Un hogar de Diosa no es un lugar físico, sino una forma de habitar el mundo. Y mientras existan quienes mantengan viva esta memoria —en la academia, en los rituales, en las luchas sociales o en la vida cotidiana— la Diosa seguirá viva.

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Baba Yaga: La Bruja del Bosque como Arquetipo y Entidad de Poder


Baba Yaga es una de las figuras más enigmáticas del folclore eslavo, particularmente en las tradiciones rusas, ucranianas y polacas. Su imagen ha sobrevivido durante siglos como una anciana salvaje, a menudo temida y respetada, que habita en una cabaña que se alza sobre patas de gallina, en lo profundo del bosque. Es una figura liminal: a la vez bruja, madre, guardiana y destructora. No se alinea fácilmente con una polaridad moral simple: puede ayudar o devorar, probar o castigar, dependiendo del coraje y la intención del que la visita.

El nombre «Baba» en ruso puede significar «abuela» o «vieja», mientras que «Yaga» tiene raíces más oscuras e inciertas, relacionadas con el miedo, la enfermedad o lo espectral. Su mito probablemente hunde raíces en las antiguas diosas de la tierra, asociadas con la fertilidad, la muerte, la renovación cíclica y el conocimiento ancestral. Algunos estudiosos han relacionado a Baba Yaga con arquetipos de la Gran Madre en su aspecto más oscuro y transformador, similares a Hécate o Kali.
Etimológicamente, se piensa que su figura podría derivar de cultos precristianos a espíritus femeninos del bosque o de la tierra, y luego fue demonizada y deformada por la influencia cristiana ortodoxa, como ocurrió con muchas otras divinidades paganas en Europa del Este.



Baba Yaga aparece en numerosos cuentos recopilados por folcloristas como Aleksandr Afanásiev en el siglo XIX. En estas historias, a menudo se presenta como una prueba iniciática: el héroe o heroína debe entrar en su dominio, enfrentarse a su severidad, y si logra responder adecuadamente o demostrar su valentía, Baba Yaga le otorga un objeto mágico, un conocimiento secreto o la llave para continuar su viaje. Así, se le puede leer también como una figura de la psique profunda, guardiana del umbral entre el mundo ordinario y el mundo de lo sagrado o lo mágico.
Autores contemporáneos como Clarissa Pinkola Estés han reinterpretado a Baba Yaga como una manifestación del arquetipo de la mujer sabia, instintiva y salvaje. En su obra Mujeres que corren con los lobos, Estés menciona figuras similares a Baba Yaga como iniciadoras del alma femenina en sus procesos de muerte simbólica y renacimiento interior.

Baba Yaga en la Brujería Contemporánea


En la práctica de brujería moderna y en ciertas ramas del paganismo contemporáneo, especialmente dentro del enfoque arquetipal o la brujería eslava reconstruccionista, Baba Yaga ha sido reinterpretada como una entidad espiritual poderosa con la que se puede trabajar. No es común encontrar devoción a Baba Yaga en la forma tradicional de un «culto», pero sí se ha integrado como espíritu guía o figura protectora, especialmente en prácticas que se centran en la conexión con ancestros, el bosque, los ritos de paso o la sabiduría de las sombras.
Algunas personas la invocan como una matrona bruja, protectora de los límites, mediadora con los espíritus del bosque o como una maestra que ayuda a cortar con lo viejo, lo superficial y lo ilusorio. En contextos de trabajo mágico, Baba Yaga puede ser vista como una iniciadora severa pero honesta, que obliga a quien la busca a enfrentarse con sus miedos más profundos para transformarlos.
En rituales o meditaciones guiadas, se la imagina custodiando un caldero —símbolo de la transformación interior— o exigiendo pruebas para otorgar poder y sabiduría. Algunas brujas contemporáneas hacen ofrendas simbólicas como pan negro, leche agria, hierbas del bosque o cenizas, apelando a su relación con la vida rural, lo salvaje y lo numinoso.

Oráculo de Diosas: Mensajes de Sanación y Poder

En este episodio de Sabiduría Oculta, abrimos el oráculo de las diosas para recibir mensajes que nos acompañan en procesos de sanación profunda y despertar del poder interior. A través de la guía arquetipal y espiritual de distintas diosas del oráculo de Doreen Virtue, exploraremos cómo cada una representa una medicina distinta: compasión, límites, intuición, liberación, transformación y coraje.


Este es un espacio para reconectar con lo sagrado femenino, escuchar a tu alma y recordar que dentro de ti habita una fuerza sabia, antigua y amorosa.


🔮 Incluye una lectura colectiva del oráculo, reflexiones simbólicas y guía para integrar los mensajes en tu vida cotidiana.

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¿Dónde está Ella? La ausencia simbólica de lo femenino en la Trinidad

Cuando contemplamos las imágenes tradicionales de la Santa Trinidad, vemos una escena repetida hasta el cansancio: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, generalmente representado como una paloma. Tres figuras masculinas o masculinizadas. Tres formas de lo sagrado que no dejan espacio a lo femenino, ni siquiera simbólicamente. ¿No sientes que falta algo?

Desde siglos atrás, la tradición cristiana hegemónica —impulsada por estructuras patriarcales e instituciones colonizadoras— ha omitido activamente toda representación simbólica, espiritual y teológica de lo femenino como parte integral de lo divino. Esta omisión no es inocente: es parte de un proceso de mutilación simbólica que ha relegado a la mujer a lo periférico, lo terreno, lo subordinado, y ha invisibilizado por completo su presencia en los arquetipos de lo sagrado.


¿Dónde está la Madre? ¿Dónde está la Mujer? ¿Dónde está lo Femenino Sagrado?

El cristianismo patriarcal ha negado sistemáticamente la posibilidad de imaginar a Dios con rostro femenino. Desde las teologías feministas y de la liberación, autoras como Ivone Gebara han cuestionado el androcentrismo teológico que ha hecho de Dios un varón autoritario, dejando fuera a millones de cuerpos, vivencias y espiritualidades femeninas.

Elizabeth Johnson, en su obra She Who Is, propone resignificar el lenguaje sobre Dios para incluir imágenes femeninas como expresión de lo divino. No se trata de “hacer de Dios una mujer”, sino de recuperar las múltiples formas en las que lo sagrado puede manifestarse más allá de las categorías binarias o masculinizadas impuestas.

Desde una mirada decolonial, Marcella Althaus-Reid nos recuerda que la teología no sólo ha sido patriarcal, sino también heterosexual, colonial y clasista. En su libro La teología indecente, propone desobedecer las formas normativas de representar lo divino y abrir espacio para lo excluido: los cuerpos racializados, disidentes, empobrecidos, femeninos y queer.



¿Y si el Espíritu Santo también fuera Ella? ¿Y si la Trinidad fuera una familia expandida, diversa, que incluyera a la Madre, la Abuela, la Hermana, la Comadre?

Lo que falta no es sólo una figura femenina en el cuadro. Lo que falta es el reconocimiento simbólico, político y espiritual de las mujeres, de lo femenino, de las corporalidades no hegemónicas como parte viva de lo divino. Lo que falta es una teología que no tema nombrar a Diosa. Que reconozca que en la ternura de una madre, en la fuerza de una partera, en la sabiduría de una abuela, también habita el Misterio.

Las espiritualidades indígenas, africanas, y muchas tradiciones populares ya lo saben desde hace siglos: lo sagrado tiene rostro de mujer, tiene matriz, tiene sangre, tiene nombre.

Por eso, cuando vemos la Trinidad y sentimos que falta algo, no es imaginación. Es memoria ancestral. Es intuición espiritual. Es justicia simbólica.

Porque aquí falta la Madre. Aquí falta la Mujer. Aquí falta Ella.

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El Movimiento de la Diosa: ecoespiritualidad, feminismo y conexión con la naturaleza en el siglo XXI

En medio de una crisis climática global y una renovada búsqueda espiritual, el Movimiento de la Diosa emerge como una propuesta que combina mitología, feminismo y ecología para ofrecer una nueva mirada al vínculo entre el ser humano y la Tierra. Más que un simple retorno a tradiciones ancestrales, este fenómeno contemporáneo abre una puerta hacia una espiritualidad ecofeminista que cuestiona las estructuras patriarcales y extractivistas que han dominado la historia reciente.

Christian Ortíz, investigador, sacerdote de la Diosa y divulgador, describe este movimiento como un “emblema de resistencia” que reivindica la figura femenina no solo como una deidad o mito, sino como un arquetipo poderoso de transformación y cuidado. En su video explicativo sobre el Movimiento de la Diosa y la ecoespiritualidad, Ortíz subraya cómo esta corriente se nutre tanto de religiosidades populares como de prácticas neopaganas, generando una red diversa y plural de creencias y rituales.

Esta revitalización espiritual, que desde los años setenta ha ido tomando fuerza, se traduce en una vuelta consciente hacia modelos de vida que respetan los ciclos naturales y la sacralidad del planeta. La Diosa, en sus múltiples manifestaciones culturales —desde la madre tierra hasta la destructora y transformadora— se convierte en un símbolo de “reciprocidad y armonía”, valores esenciales para enfrentar el deterioro ambiental y social que aqueja al mundo.


Pero el Movimiento de la Diosa no es solo una corriente espiritual, sino también un actor social. Su influencia atraviesa los feminismos actuales, los movimientos ecologistas y las comunidades espirituales que buscan no solo sanar individualmente, sino transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad y el daño ambiental. La diversidad dentro del movimiento —que incluye meditaciones, rituales, arte, y activismo— refleja la riqueza y pluralidad de voces que dialogan bajo esta bandera.

Entender esta espiritualidad implica reconocer que la recuperación de la Diosa no es una mera nostalgia, sino una apuesta hacia una convivencia sostenible y justa, una invitación a “reconectar con la tierra”. En este sentido, el movimiento plantea preguntas profundas sobre nuestro lugar en el mundo y la forma en que nos relacionamos con lo vivo, promoviendo un cambio de paradigma que va más allá de la religión para tocar lo cultural, lo político y lo ecológico.

El Movimiento de la Diosa, en definitiva, es un llamado a redescubrir la potencia de lo femenino y lo natural como fuentes de sabiduría y resistencia, un eco espiritual que resuena con fuerza en un mundo que busca nuevas raíces para seguir creciendo.

Fuente: Magna

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Madre Rabia, Madre Coraje – Christian Ortíz


Hay una fuerza antigua, sabia y amorosa que habita en lo más hondo del alma. No es la ternura que se rinde, ni el amor que se resigna. Es el amor que se alza. Es la madre que ruge, la que no teme ensuciarse las manos por proteger lo que ama. La que no pide permiso para defender la vida.

Arte de Rick Ortega


Madre Rabia, Madre Coraje. No es la violencia vacía ni la furia sin raíz. Es la llama sagrada del instinto que brota cuando lo amado está en peligro. Es la que cobija con una mano y con la otra sostiene el fuego. Es la que se planta ante el depredador y dice: “hasta aquí”. Sin culpa. Sin vergüenza. Con la dignidad intacta de quien sabe que defender lo frágil no es debilidad, sino un acto profundo de amor.

Porque el amor también tiene garras. Porque la paz no es pasividad ni silencio ante la injusticia. Es una decisión valiente que se construye todos los días. Es una práctica de resistencia ante un mundo que a menudo nos quiere rotos, sumisos, separados de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu.

Esta madre que arde no destruye por placer. No busca la guerra interna. Busca la vida. Defiende la vida. Y en su fuego hay claridad, hay impulso, hay poder sanador. Nos recuerda que la rabia no siempre es enemiga, que a veces es aliada, que cuando se alinea con el alma, puede abrir caminos de justicia, de límites, de amor verdadero.

En cada persona habita esa madre. En cada ser vivo que cuida, que protege, que dice “no más”, que abraza a su gente y alza la voz. Esta madre no es mito, es real. Vive en quienes han sobrevivido, en quienes siguen, en quienes aún con miedo, se atreven a amar con todo y a luchar por lo que importa.

Porque la rabia no es lo contrario al amor. Es, muchas veces, su escudo.
Y el coraje, su fuerza que abre el mundo.

Christian Ortíz.
Nuestra Señora de la Noche.

Arte de Rick Ortega

“Las religiones centradas en la adoración de un dios masculino generan estados de ánimo y motivaciones que mantienen a las mujeres en una posición de dependencia psicológica frente a los hombres y a la autoridad patriarcal. Al mismo tiempo, legitiman el poder político y social de los padres y los hijos dentro de las instituciones de la sociedad.”


— Por qué las mujeres necesitan a la Diosa, Carol P. Christ.

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Mother Rage, Mother Courage – Christian Ortíz


There is an ancient, wise, and loving force that lives deep within the soul. It is not the tenderness that yields, nor the love that resigns. It is the love that rises. It is the mother who roars—the one who does not hesitate to get her hands dirty in defense of what she loves. The one who doesn’t ask for permission to protect life.

Mother Rage, Mother Courage. This is not empty violence, nor rootless fury. It is the sacred flame of instinct ignited when what we love is under threat. She is the one who shelters with one hand and wields fire with the other. The one who stands before the predator and says: “No more.” Without guilt. Without shame. With the dignity of one who knows that defending the fragile is not weakness—it is a profound act of love.

Because love, too, has claws. Because peace is not passivity, nor silence in the face of injustice. It is a bold choice, built day by day. A practice of resistance in a world that often wants us broken, obedient, cut off from our bodies and from our spirit.

This burning mother does not destroy for pleasure. She does not seek internal war. She seeks life. She defends life. And within her fire there is clarity, momentum, and healing power. She reminds us that rage is not always the enemy. Sometimes, it is an ally. When it aligns with the soul, it can carve paths of justice, of boundaries, of true and fierce love.

That mother lives within each of us. In every living being who cares, who protects, who says “no more,” who holds their people close and raises their voice. She is not a myth—she is real. She lives in the ones who have survived, in those who keep going, in those who, even in fear, dare to love fiercely and fight for what matters.

Because rage is not the opposite of love.
Many times, it is its shield.
And courage, the force that opens the world.

Christian Ortiz
Our Lady of the Night

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The Connection Between the Primordial Goddess, Parthenogenesis, and the Virgin Mary 



Since the dawn of humanity, religious symbols have been profound vehicles of meaning, representing the mysteries of life, death, and creation. Among these, the figure of the Primordial Goddess, present in pre-Christian cultures, stands out as an archetype embodying fertility, creation, and connection to the divine. This symbolism intriguingly ties to the concept of parthenogenesis, the act of creation without male intervention—a theme that transcends ancient religions to find expression in Christianity through the Virgin Mary. 



The Primordial Goddess and Parthenogenesis 

In many ancient cultures, the Goddess was regarded as the source of all life. Figures such as the Great Mother, Cybele, Isis, or Gaia not only symbolized fertility but also represented the capacity to generate life independently. In Egyptian mythology, Isis conceives Horus without a traditional physical union, an act of divine creation. In Greek myths, Gaia (Earth) gives birth to Uranus (Sky) and other beings without needing a male counterpart. 

These narratives reflect parthenogenesis, a biological phenomenon involving reproduction without fertilization. While in nature it occurs in certain organisms, in mythology, it symbolizes the autonomous creative power of the feminine. This symbolism highlights the connection between women, nature, and divinity, positioning the Goddess as an archetype of self-sufficiency and power. 

Integration into Christianity: The Virgin Mary 

As Christianity emerged within the Mediterranean context, it absorbed and redefined religious symbols from pre-Christian cultures. The Virgin Mary, a central figure in Christianity, echoes these ancient goddesses. The virginal conception of Jesus through the Holy Spirit can be seen as an adaptation of the concept of divine parthenogenesis. 

In Christian theology, Mary is the mother of God, immaculate and pure. This attribute not only emphasizes her divinity but also connects her to ancient archetypes of the Creator Goddess, capable of generating life without male intervention. Just as Isis protects Horus, Mary protects Jesus, with both figures serving as pillars of faith and hope for their followers. 

Symbolic Continuity 

While Christianity explicitly rejects pagan myths, the symbolic connection is undeniable. Mary’s image as a divine mother reflects the enduring universal longing to connect humanity with the sacred through the feminine. Her figure encompasses elements of motherhood, compassion, and creativity that have been present in Goddess archetypes since time immemorial. 

The transition from the Primordial Goddess to the Virgin Mary is not merely a theological shift but an example of how cultures transform and adapt symbols to give meaning to new narratives. Through parthenogenesis, both ancient religions and Christianity celebrate the mystery of creation—a mystery that, at its core, continues to exalt the creative and divine power of the feminine. 

This analysis invites us to reflect on the continuity of religious symbols and their ability to connect people with the transcendent, reminding us that, despite cultural and temporal differences, the essential questions about the origin and meaning of life unite us as humanity. 

Our Lady of the Night. 
Christian Ortíz.

La conexión entre la Diosa primitiva, la partenogénesis y la Virgen María

Desde los albores de la humanidad, los símbolos religiosos han sido vehículos de significado profundo, representando los misterios de la vida, la muerte y la creación. Entre estos, la figura de la Diosa primitiva, presente en culturas precristianas, destaca como un arquetipo que encarna la fertilidad, la creación y la conexión con lo divino. Este simbolismo se conecta de manera sorprendente con la idea de la partenogénesis, el acto de la creación sin intervención masculina, un tema que trasciende las religiones antiguas para manifestarse en el cristianismo a través de la Virgen María. 

La Diosa primitiva y la partenogénesis 

En muchas culturas antiguas, la Diosa era vista como la fuente de toda vida. Figuras como la Gran Madre, Cibeles, Isis o Gaia no solo simbolizaban la fertilidad, sino también la capacidad de engendrar vida por sí mismas. En la mitología egipcia, Isis concibe a Horus sin una unión física tradicional, un acto de creación divina. En los mitos griegos, Gea (la Tierra) da origen a Urano (el Cielo) y otros seres sin necesidad de un compañero masculino. 

Estas narrativas reflejan la partenogénesis, un fenómeno biológico que implica la reproducción sin fertilización. Aunque en el mundo natural se limita a ciertos organismos, en el ámbito mitológico simboliza el poder creativo autónomo de lo femenino. Este simbolismo resalta la conexión entre las mujeres, la naturaleza y la divinidad, posicionando a la Diosa como un arquetipo de autosuficiencia y poder. 

La absorción en el cristianismo: la Virgen María 

Cuando el cristianismo emergió en el contexto del Mediterráneo, incorporó y resignificó símbolos religiosos de las culturas precristianas. La Virgen María, figura central del cristianismo, se presenta como un eco de estas antiguas diosas. La concepción virginal de Jesús a través del Espíritu Santo puede interpretarse como una adaptación del concepto de partenogénesis divina. 

En la teología cristiana, María es la madre de Dios, inmaculada y pura. Este atributo no solo subraya su divinidad, sino que también la conecta con arquetipos antiguos de la Diosa creadora, capaz de engendrar vida sin intervención masculina. Al igual que Isis protege a Horus, María protege a Jesús, siendo ambas figuras pilares de fe y esperanza para sus seguidores. 



Continuidad simbólica 

Aunque el cristianismo rechaza explícitamente los mitos paganos, la conexión simbólica es innegable. La imagen de María como madre divina refleja la persistencia de un anhelo universal de conectar lo humano con lo sagrado a través de lo femenino. Su figura reúne elementos de la maternidad, la compasión y la creatividad que han estado presentes en los arquetipos de la Diosa desde tiempos inmemoriales. 

La transición de la Diosa primitiva a la Virgen María no es solo un cambio teológico, sino un ejemplo de cómo las culturas transforman y adaptan sus símbolos para dar sentido a nuevas narrativas. A través de la partenogénesis, tanto las religiones antiguas como el cristianismo celebran el misterio de la creación, un misterio que, en su núcleo, sigue exaltando el poder creativo y divino de lo femenino. 

Este análisis invita a reflexionar sobre la continuidad de los símbolos religiosos y su capacidad para conectar a las personas con lo trascendental, recordándonos que, pese a las diferencias culturales y temporales, las preguntas esenciales sobre el origen y el sentido de la vida nos unen como humanidad. 

Nuestra Señora de la Noche.
Christian Ortíz.